El afortunado que tiene un buen amigo es un hombre rico, porque tiene un verdadero tesoro, y tesoros hay pocos.
En toda la Sagrada Escritura se destaca una pareja de amigos: David y Jonatán. "Jonatán hizo pacto con David, pues lo amaba como a su alma, y quitándose el manto que llevaba, se lo puso a David, así como sus armas militares, su espada, su arco y su cinturón. Y David, por su parte, llora así a Jonatán, muerto luchando en el campo de batalla: "Angustiado estoy por ti, ¡oh Jonatán, hermano mío! Me eras carísimo. Tu amor era para mí dulcísimo. Más que el amor de las mujeres".
Viendo esto, me paraba yo a pensar si realmente sabemos valorar a esas personas que aunque estén a miles de kilómetro de nosotros, aunque tengan el doble de trabajo o de problemas que nosotros, no paran de pensar en nosotros y nos hacen una cariñosa llamada de teléfono solamente para interesarse por nuestro estado o por nuestras preocupaciones.
No me refiero aquí a las madres, a las que dedicaré posteriores apartados, simplemente porque ellas se lo merecen.
Me refiero, sin más, a nuestros amigos. ¿Somos conscientes en verdad del amor con el que nos miran esas personas y la dedicación por la que se preocupan por nuestras inquietudes?
Seguramente no. Pues yo me he propuesto no perder, de aquí en adelante, a ni uno solo de mis amigos, cuidarlos y cultivar nuestra amistad al cien por cien, rindiendo agradecimiento a todo lo que recibo de ellos, todo lo que me enseñan, todo lo que me aguantan...
Si todos nos propusiésemos eso, seguramente todo sería mucho más agradable. ¿Qué te parece como propósito del dia...o de la semana... o del mes...O DE TU VIDA?
No hay comentarios:
Publicar un comentario