Siempre me ha gustado utilizar mucho la imaginación y ahora que he aprendido a hacerlo, mucho más.
Tengo varias predilecciones a la hora de ponerme a soñar despierta, pensar en el momento en que mi marido entra por la puerta de casa despues de un largo día de trabajo, unos cuantos pekes corriendo por el pasillo de mi casa, una bandeja de buenos pinchos...pero sobre todo, hay uno que impera por encima de todos.
Ya me he sorprendido pensando varias veces en esto, y es que ya lo tengo tan trabajado que tiene diálogo y todo. Os cuento la historia.
Yo me encuentro en el purgatorio (pero muy pokitos días porfa!!) y entonces llega el por todos ansiado sábado, momento en el cual aparece la Virgen María y llama a unos cuantos por su nombre para que le sigan. Es en ese momento cuando yo, aprovechando un descuido de la Virgen me agarro a su manto con todas mis fuerzas. Ella hace como si no se hubiera dado cuenta, como si yo fuera a colarme en el Cielo, pero sabe perfectamente que estoy allí y me deja continuar porque sabe que confío ciegamente en Ella, que sé que Ella es el camino perfecto para llegar a Jesús.
Llega el momento del fin del viaje y nos plantamos frente a las puertas del Cielo. Se trata de una gran puerta dorada muy pesada, apoyada en una espesa nube blanca y de la que irradia una gran luz brillante, y cuando llega mi turno, Dios se pone frente a mi y me mira con esos ojos de Padre misericordioso, me abraza y me acoge en todo Su corazón. Pensar en ese abrazo me da la vida y las fuerzas que necesito para continuar con el día a día; No hay otra sensación igual. Y esto es sólo parte de mi imaginación, cómo será la realidad...
